Archivos para la Categoría 'cine'

29
Sep
09

FlashForward

Así pero con dos mayúsculas, FlashForward, se llama la nueva gran serie à la Lost que está causando sensación en los EE.UU.

La idea del episodio piloto es que todo el mundo -literalmente todos en el planeta Tierra- se desmayan en simultáneo por 2 minutos 17 segundos y les toca vivir lo que van a estar haciendo de acá a seis meses. Cuando vuelven en sí, por supuesto, las calles están hechas un desastre de proporciones bíblicas (y de presupuesto hollywoodense).

Y aunque para nosotros la cosa venga más cargada de reminiscencias de Heroes, más que nada en términos de cómo está planteado el guión, le reconocemos a su creador David Goyer habernos hecho vivir tremendo escalofrío con el cliffhanger del final: casi casi como que los 42 minutos que dura el episodio están hechos para cargar de significado esa última imagen. Bravo.

Como a Heroes, la vamos a tener en cuenta. Pero que no se transforme en Heroes eh.

06
Jul
09

Reseñas injustas: La Môme

Necesito dejar sentado esto en algún lado.

La Môme parece como si alguien hubiera tomado la biografía de Edith Piaf, hecho un resumen con viñetas en Word, escrito un guión de TV para cada evento importante de su vida, y después mezclado todas las páginas con la excusa de mostrar un “contraste” entre el exceso y la mala salud, para que la película pueda terminar con el manifesto del “je ne regrette rien”. En el resultado hay un par de momentos logrados, pero siempre con el sabor empalagoso que da saber que es todo coup d’effet. Está bien hecha –sólo si el director es Dawson Leery.

22
Jun
09

Aronofsky, el luchador

Había tachado el nombre de Aronofsky después de su pasmosa The Fountain (2006): mirarla fue una experiencia cinematográfica tan terrible, que había actuado retroactivamente en la filmografía del director, impregnándola con un sabor a mediocridad irremovible.

Dos años mas tarde, luego de una noche frente a The Wrestler (2008), debo, empero, darle mi reconocimiento a su creador. Aún cuando todavía considerase a sus films previos como lisa y llana porquería, tendría que saludar la maestría detrás de esta película en particular.

La pequeña historia de la película compone una fabulosa parábola ambientada en el mundo de la lucha libre. El guión, casi minimalista y sin ninguna pretensión de novedad, se las ingenia para exprimir montones de poesía de una atmósfera plagada de colores brillantes, actores farsantes, multitudes sobreexcitadas y todo lo peor de la cursilería americana más abyecta. Difícil encontrar más contraste en algún otro lado.

El uso de la cámara, filmando al personaje desde atrás más que frecuentemente, representa una sensible evolución por sobre las anteriores entregas de Aronofsky, para las cuales supo optar por un repertorio de imágenes bonitas, yuxtapuestas casi a un ritmo de publicidad comercial. Ahora, en cambio, se nota un estilo explíticamente elegido acorde con la temática de la película; aquí no hay mera “fotogenia”.

Aronofsky supo, también, insistir con el intérprete que el guión requería para coronar su criteriosa conjunción. Su elección no podía ser más apropiada. Innecesario explayarse en los detalles de una historia ya demasiado publicitada; baste decir que Mickey Rourke nació para su papel en The Wrestler. Su impresionante rostro y fisonomía son el currículum que resume esta necesidad. Marisa Tomei, mejor que nunca -en todo sentido-, es una compañera fenomenal.

De modo que, efectivamente, debo admitir que Aronofsky, sobre quien próximamente recaerá la pesada responsabilidad de rebootear esa genialidad que fue RoboCop, no es, ni mucho menos, el estandarte de la mediocridad. La evidencia está a la vista con esta película. El talento que ahora se le puede reconocer responde, sin embargo, a una maduración: esta vez, en lugar de forzar técnicas -como hizo en The Fountain o aún más groseramente en Pi (1996), donde, por definición de teoría conspirativa, todo es forzado-, ha logrado integrar en un todo armónico las distintas dimensiones que hacen a una película.

Si suponemos que la idea motora de este film fue -algo que no tiene por qué ser ni remotamente cierto- el ejercicio de encontrar alguna especie de belleza literaria en el último lugar en que alguien buscaría, entonces bien podría decirse que Darren Aronofsky logró zambullirse en el concepto no con fórmulas preconcebidas, sino con la apertura suficiente para encontrar la historia y técnica acordes.

Y ésa es, sencillamente, otra de las tantas definiciones de buen cine. Todavía le falta, así que por el bien del querido RoboCop, esperemos que su futuro director siga teniendo en cuenta esto.

07
Mar
09

Gran Torino

Esta crítica me erotiza. Gran película Gran Torino. No sé si fue acá o en otro lado que lo escribí, pero de todas formas no me canso de repetirlo: Eastwood es un director único hoy en día y rápidamente se convirtió en uno de mis favoritos.

La crítica en sí me hizo pensar en en otro tipo de película, y es por eso que siempre intento leer lo menos posible sobre una obra antes de verla. Tardé en salir del preconcepto que me había armado y “acomodarme” en la película, pero por suerte fui acompañado por una trama que va aplomándose, ganando momento, volviéndose más densa paso a paso. Sobrísima desde un principio, jamás se toma en serio cuando no debe; se permite, incluso, sus buenas dosis de laxedad y buen humor. En todo momento Gran Torino elude el melodrama, y lo hace con una maestría suprema.

Y tal como afirma Monteagudo, no tiene en toda su extensión una sola toma de menos o de más. El crítico se maravilla en algún momento de cómo fue marginada en los últimos premios Oscar, donde no recibió siquiera una nominación. Sucede que el de Eastwood es un cine aparte, casi marginado, heredero de una época que -pareciera- todos menos él han olvidado.

Y es así que, en las absolutas antípodas de Danny Boyle, gran triunfador de cuantos premios hubo este año, y sin embargo habiendo mamado el oficio del mismo lugar que ahora le pasa por al lado y premia otros cánones, tenemos a uno de los indiscutibles grandes directores, no solo de ahora, sino, seguramente, de la historia del cine: Clint Eastwood.

(Me sentí tentado a aclarar, en el penúltimo párrafo, que las películas de Eastwood no son para el gran público. A punto de apretar Enter, recordé que, sin embargo, ésta fue la película que más recaudó en toda la historia del director… ¿casualidad del marketing o luz al final del túnel?)

23
Feb
09

¡Grande Danny Boyle!

Desde que entré a esa sala de cine donde proyectaban 28 Days Later…, medio bostezando y sin la menor esperanza -y hasta algo desconfiado- y salí maravillado y con varios prejuicios menos, desde ese instante afirmé, ya en el McDonald’s a dos cuadras del Monumental, comiendo una empanadita de queso, que Danny Boyle era mi pollo.

Después, haciendo las investigaciones de rigor, me enteraba de que también había filmado Trainspotting, y esa otra película con “ese galancete insoportable” que por alguna razón me había quedado en la retina, también, como algo que no me esperaba. Más tarde vi la fenomenal Shallow Grave, prácticamente «una de de la Iglesia» pero una década antes de de la Iglesia.

Y por estos ya 7 años vine avisando, a cada oportunidad que tuve, cerveza, café o mate de por medio, que guarda con Danny Boyle, que algún día va a hacer algo groso, que se va a destapar, que ya le van a dar bola.

Le tomó tres películas. La primera después de 28 Days Later… fue una no muy feliz (hay que reconocerlo) comedia de tintes indie, Millions, sobre un pibito que encuentra un fangote de guita y se dan, bueno, situaciones de esas que pasan cuando la gente tiene mucha plata. Después vino Sunshine, una obra de ciencia ficción muy entretenida y muy «stylish», que a pesar de llegar por momentos a parecerse demasiado a Event Horizon, tiene gusto a cosa muy pulida y, lo que es más importante, logra meter varios toques à la Boyle, como las escenas en la “cámara de la realidad” o el genial personaje del filósofo maravillado con el Sol. Además, tenía en el protagónico a Cillian Murphy, que de cierta forma es en sí un elemento más de ese estilo Boyle.

Estilo que, no vamos a engañar a nadie, cae de lleno en lo comercial. Boyle no es ningún director alternativo… o sí, pero plantea una forma de hacer cine muy elegante, con claros toques de autor y estética propia -es decir, siempre está diciendo algo, hay una voluntad de expresión que parte de él- aunque sin jamás renunciar a ciertos cánones que le permiten seguir cómodamente dentro de circuitos comerciales. Sus películas nunca serán de una profundidad pasmosa ni difíciles de digerir; siempre estarán bien lubricadas para que al público «le entren». Y poco tiene de malo esto; los grandes directores americanos siempre tuvieron las mismas prioridades, y se las arreglaron también para hablar de cosas más que serias.

Y ése parece el camino que ha emprendido Boyle en su última película, convirtiéndose automáticamente en candidateable para los Oscars, y finalmente en su gran triunfador. Sí, Danny Boyle es material de Oscar, pero no el del cholulaje, la sensibilería barata y la corrección política, sino el de esos talentos que son lo suficientemente adaptables como para entretener, y a la vez, decir algo.

Se sabe, la inteligencia también es adaptación. Será una frase barata, pero no por eso desechable. Como Boyle. ¡Ése es mi pollo!

22
Ene
09

2008-2009

Rompo nuevamente el silencio de radio para avisar nomás que seguirá el silencio de radio, que a pesar de todo el 2008 lo terminé con toda en lo personal, que el pez por la boca muere, que no estoy “ido” pero que hay gente mucho más capaz diciendo mucho de lo que pienso y de lo que me encantaría tener más tiempo para decir, que me voy (¡por fin!) a Córdoba con mi chica, que los nuevos episodios de Lost estuvieron zarpados, que el diario de canciones pegadas está muerto pero a mí se me siguen pegando Los Reyes del Cuarteto, que se viene un 2009 movidito, que no le aflojemos, que no hay nada nuevo, que no nos ganen por simple repetición e insistencia con las necedades de siempre, que Obama no me entusiasma un carajo. Que no se corte todo esto, que algo, algo hay.

Que viva Perón.

Abrazos a quien sea.

14
Sep
08

El Wordle de Alphaville

Éstas son las expresiones que más uso aquí últimamente, dimensionadas según la frecuencia con que aparecen. Pueden armar la suya en Wordle.

También, con los directores de los primeros 80 DVDs de mi colección de películas, armé otro Wordle que deja bastante en evidencia de quién soy fanático…

29
Jul
08

Ahora dicen que los Simpsons son clarinistas

Carl gorilón

Este tunante se toma como ocho párrafos de carreteo para decir que el polémico comentario de Carl sobre Perón no es más que un agudo reflejo del común norteamericano, que tiene una visión distorsionada y estereotipada del exterior.

Mi comentario: sí claro.

¡Salió clarinista el muchacho! Ahora los Simpsons no editorializan, solo “reflejan humores sociales”. Detrás de los Simpsons no hay autores. Y no, los gags que no idean esos autores que no hay no parten de su concepción de la realidad, para nada. Los autores no se expresan, no no.

A este pibe Gorodischer se le piantó la fiebre amarilla. Da un poquito de ternura ver cómo intenta disfrazar de artículo serio a una defensa de fan de la serie. No tengo nada en contra de su fanatismo, pero siempre es bueno poder separar los tantos. Es algo muy saludable para poderse permitir disfrutar de más variedad de expresiones: si nos viéramos obligados a tener que buscarle la vuelta para comulgar con la ideología que transmite cada artista, estaríamos cerrándonos bastante. Una cretinada, bah.

Y separar los tantos, acá, significa poder entender que por más admirable que nos resulte artísticamente la serie, no necesariamente tenemos que defender su proclama. Personalmente, el cambio de estética que produjo la salida de Matt Groening y medio equipo de guionistas y productores en la temporada nueve le ha quitado todo el encanto a los Simpsons para mí. Pasó de una sátira social muy cretirosa a un burdo show de (intento de) humor absurdo, más apuntando a generar un “¡Jua, cualquiera!” en el espectador que a realmente laburar para hacer reír. Y eso sin contar que siempre fueron bastante tibios, bastante petite bourgeoisie… equiparables, con mucha generosidad, a un Enrique Pinti dando un show engripado. No le pidamos peras al olmo yanqui.

Igual, ése soy yo. Respeto que este pibe siga teniendo a los Simpsons en la gloria. Perfectamente otro puede seguir viendo cosas valiosas en “lo que queda de los Simpsons” sin la sátira. Pero no hace falta caer en sandeces como defender su elevadísima visión social y andar negando la obvia chabacanización de la serie. Separemos los tantos, Julián.

(Aparte, viejo, si escribís “Gorgori” y decís que la única referencia a Argentina que hicieron los Simpsons fue el Rey Sol Marquesi, perdoname, pero tenés menos Simpsons encima que Esteban. No te olvides de cuando Argentina le reconoce a Inglaterra que las Malvinas son de ellos, por ejemplo.)

Por supuesto, lo de la censura y/o la decisión de no emitir el episodio me chupa un huevo. No hace falta, no vamos a caer tan bajo como ellos. Nos basta contemplar cómo se quemaron con el papelón que hicieron. Puntualmente, cómo achacaron el fenómeno desaparecidos al movimiento político que más lo sufrió. Y sí, es un tema sensible, mucho más si te toca personalmente, pero hay mucha otra gente diciendo peores barbaridades, hasta haciendo apología, y nadie se los prohibe, por más que nos duela. No les daremos el gusto.

28
Jul
08

¡Que no es Batman!

The Dark Knight (Batman, el Caballero de la Noche, Christopher Nolan, 2008 ) es una bonita película, pero para nada algo especial. Hay, eso sí, un lindo concepto: hacer no una película de superhéroes sino una sobre los superhéroes, que resulta ser el recurso más rescatable del filme, y el que –más o menos– lo redime.

En cierta forma, esto determina varios otros aspectos, particularmente el tan celebrado Guasón, personificado por Heath Ledger, interpretación que será muy simpática pero que ni se le acerca al monumental Guasón de Jack Nicholson. El difunto joven, muy laureado por este rol, hizo un buen trabajo creando su propia versión decadente del personaje. “Un perro loco, suelto, corriendo en medio de todos”, tal es como lo dice él, pero Nicholson seguirá siendo el actor que mejor hizo el trabajo de interpretar al Guasón de Batman. Es que su versión sigue siendo mucho más escalofriante: un tipo con modales, con clase, cierto charme, que sabe portarse bien hasta que se porta mal. Ledger, en cambio, es un delincuente casi romántico, con tanto delirio de grandeza como anarquía, del cual ya se sabe que no se puede esperar sino un tarascón.

La figura del Guasón sirve para describir cabalmente a esta película, o más precisamente, a esta película en relación a las Batman de Tim Burton y a otras (mejores) adaptaciones de novelas gráficas en general: Nicholson/Burton conocían el canon cinematográfico (aclaración: esto no tiene nada que ver con ser fiel al comic) y lo respetaron, trabajaron a partir de él, mientras que Nolan/Ledger intentaron un approach “realista” al superhéroe… Un completo engendro estético, si me preguntan. Después de todo, la película sigue teniendo a un tipo con voz ronca, máscara y cuernitos, andando en una moto prototípica, matando criminales a granel sin derramar una gota de sangre… en una película de superhéroes, cuanto más sea el esfuerzo de “ser realista”, más intensamente fracasará.

Y sin embargo, un aspecto potencialmente interesante de esta “vuelta de tuerca” de supuesto realismo es el lugar para la reflexión que Nolan abre. El devenir de la trama permite algunos bocadillos bastante progres/políticamente correctos sobre la escalada de violencia, el efecto imitación, la invasión de la privacidad… Pero todos sabemos que los americanos rara vez alcanzan un alto vuelo en este tipo de cosas, y ésta no es la excepción: lo que en una película algo más de auteur podría haber sido una genial y sutil metáfora, aquí resulta, por lo menos, una proclama un tanto superficial, cursi.

Más allá de todo esto, la película resulta disfrutable. Cumple su función, se diría. La “versión libre” del Guasón sigue siendo más que simpática, y quizá lo mejor sea la verdadera reinterpretación del rol de Batman/Bruno Díaz, auténtica nota de color de la película, que tanto en su cara visible como en su alter ego termina eligiendo desprestigiarse para salvar a su ciudad. Un acto de amor, que le dicen. De esos que conforman la tan desprestigiada política de hoy día. De esos que se necesitan.

Puntaje, para la gente bonita: un claro Saviola, no más. Si no estuviera Maggie Gyllenhaal sería un clarísimo Heinze.

Dossier: si tiene ganas, léase estas críticas que se la toman un toque más en serio.
Página/12
Página/12 (radar)
Rosario/12

24
Jul
08

Recordamendación

Solo para avisaros que el día de la fecha se estrena en la ciudad de Rosario la última película de Wong Kar Wai, My Blueberry Nights (El Sabor de La Noche, 2007), de la que ya estuvimos hablando aquí.




Sentir hasta Resistir

Sentir hasta Resistir es un nuevo proyecto que arrancamos en conjunto con Carla. En él iremos publicando fragmentos de letras del rock nacional (por ahora) con un costado político o social. Algo sencillo, para no olvidarnos de encarar siempre la realidad desde la sensibilidad.

Sentir hasta Resistir, una colección de frases de nuestra música para pensar a nuestro país. Pasen y vean (y aporten).

Archivo

Mis otras direcciones

De qué la va esto