
The Dark Knight (Batman, el Caballero de la Noche, Christopher Nolan, 2008 ) es una bonita película, pero para nada algo especial. Hay, eso sí, un lindo concepto: hacer no una película de superhéroes sino una sobre los superhéroes, que resulta ser el recurso más rescatable del filme, y el que –más o menos– lo redime.
En cierta forma, esto determina varios otros aspectos, particularmente el tan celebrado Guasón, personificado por Heath Ledger, interpretación que será muy simpática pero que ni se le acerca al monumental Guasón de Jack Nicholson. El difunto joven, muy laureado por este rol, hizo un buen trabajo creando su propia versión decadente del personaje. “Un perro loco, suelto, corriendo en medio de todos”, tal es como lo dice él, pero Nicholson seguirá siendo el actor que mejor hizo el trabajo de interpretar al Guasón de Batman. Es que su versión sigue siendo mucho más escalofriante: un tipo con modales, con clase, cierto charme, que sabe portarse bien hasta que se porta mal. Ledger, en cambio, es un delincuente casi romántico, con tanto delirio de grandeza como anarquía, del cual ya se sabe que no se puede esperar sino un tarascón.
La figura del Guasón sirve para describir cabalmente a esta película, o más precisamente, a esta película en relación a las Batman de Tim Burton y a otras (mejores) adaptaciones de novelas gráficas en general: Nicholson/Burton conocían el canon cinematográfico (aclaración: esto no tiene nada que ver con ser fiel al comic) y lo respetaron, trabajaron a partir de él, mientras que Nolan/Ledger intentaron un approach “realista” al superhéroe… Un completo engendro estético, si me preguntan. Después de todo, la película sigue teniendo a un tipo con voz ronca, máscara y cuernitos, andando en una moto prototípica, matando criminales a granel sin derramar una gota de sangre… en una película de superhéroes, cuanto más sea el esfuerzo de “ser realista”, más intensamente fracasará.
Y sin embargo, un aspecto potencialmente interesante de esta “vuelta de tuerca” de supuesto realismo es el lugar para la reflexión que Nolan abre. El devenir de la trama permite algunos bocadillos bastante progres/políticamente correctos sobre la escalada de violencia, el efecto imitación, la invasión de la privacidad… Pero todos sabemos que los americanos rara vez alcanzan un alto vuelo en este tipo de cosas, y ésta no es la excepción: lo que en una película algo más de auteur podría haber sido una genial y sutil metáfora, aquí resulta, por lo menos, una proclama un tanto superficial, cursi.
Más allá de todo esto, la película resulta disfrutable. Cumple su función, se diría. La “versión libre” del Guasón sigue siendo más que simpática, y quizá lo mejor sea la verdadera reinterpretación del rol de Batman/Bruno Díaz, auténtica nota de color de la película, que tanto en su cara visible como en su alter ego termina eligiendo desprestigiarse para salvar a su ciudad. Un acto de amor, que le dicen. De esos que conforman la tan desprestigiada política de hoy día. De esos que se necesitan.
Puntaje, para la gente bonita: un claro Saviola, no más. Si no estuviera Maggie Gyllenhaal sería un clarísimo Heinze.
Dossier: si tiene ganas, léase estas críticas que se la toman un toque más en serio.
Página/12
Página/12 (radar)
Rosario/12