20
Ago
07

Ken Park

Hace poco vi esta película y me pareció interesante traducir alguna que otra cosa que se dijo al respecto de ella en la Cahiers du Cinéma Nro. 583 (Octubre 2003), que le dedica la nota central “L’Amerique au risque des adolescentes” al análisis conjunto y por separado de tres películas: Elephant (Gus Van Sant, 2003), Mystic River (Clint Eastwood, 2003) y Ken Park (Larry Clark, 2002). Creo que la revista llega a un par de conclusiones muy buenas sobre la obra del director, y le puede llegar a interesar a varios. La razón para tomarme el trabajo de traducir del francés fue doble: por un lado como práctica del idioma, pero más allá de eso, para regalárselo a mis amigos Marcelo y Bruno, a quienes sé que les va a interesar el tema.

Ken Park de Larry Clark
Retratos escupidos
por Mia Hansen-Love

¿Quién es Ken Park? Comenzando el relato, la muerte del adolescente se presenta como un enigma. La película se inicia con el último recorrido del skater, antes de su suicidio. Más que acercarnos a este personaje epónimo, el film nos aleja de él y no lo retoma sino hasta la última secuencia, cuando se formula una pregunta a la que nada nos ayuda a responder: «¿Quién soy yo?». Alrededor de Ken está Claude, el más sensible; Shawn, el más astuto, la bella Peaches, y el huérfano Tate. Más que sus relaciones mútuas, descubrimos aquello que los une a pesar de ellos: la violencias de sus respectivas vivencias familiares. Veremos poco a poco que de una manera u otra, cada uno está involucrado en una relación incestuosa con uno de sus padres.

La escena más literal a este respecto es la del casamiento entre Peaches y su padre, fanático religioso que fetichisa en ella al doble de su madre difunta. Igualmente explícita es la escena donde vemos a Claude agredido por su padre, quien reconoce en él el retrato de su madre. Por último tenemos a Tate, cuyos abuelos aparecen como los sustitutos decrépitos y pasmados de unos padres ausentes. Mientras que los viejos juegan al badminton, Tate, excitado por los gritos de una jugadora de ténis en la tele, se pajea con el cinturón de la bata de su abuelo atado a su cuello. En cuanto a Shawn, no es con su madre con la que se acuesta sino con su ersatz, Rhonda, madre de su novia. El incesto es en esta ocasión doble: concierne a la vez a la relación entre Rhonda y su hija, de quien la madre explora indirectamente su vida sexual, y aquélla entre Shawn y Rhonda, sustituta de su madre. Ésta última relación es, no obstante, de una verdadera ternura, quizá porque se trata esta vez de un hijo que se acuesta con una madre (y no con un padre).

Ken Park, de todas las películas de Larry Clark, es la más edípica: fóbica del padre, de su virilidad erigida en moral, de su autoridad prostituida, de sus deseos lúgubres. Al contrario, el ideal sexual de los adolescentes es un ideal sin padre. Sin embargo, debido a que creó el mito de su generación, el de los kids, Larry Clark interpreta aquí el rol del padre, un padre putativo para estos huérfanos autoproclamados. Para cumplir este rol les ofrece la reapropiación de la imagen de ellos, que sería aquélla del suicidio. Y la ficción, elaborando un sentido a partir del espectáculo de la vida de ellos, los salva de la nada. Inventar el mito de los adolescentes: ése es el único proyecto artístico de Larry Clark. Proyecto a la vez singular y altamente americano, como aquél de colocar el territorio iconográfico en el medio del mito, es decir, aquél de la creación de un origen en forma de historia, una historia que tiene sentido. El mito hace desaparecer la psicología en favor de las fuerzas: aquello que parece caricatural en las relaciones entre los chicos (iluminados) y sus padres (opacos, no aparecen salvo como realces), y en la exclusividad del mundo en el que se basa Larry Clark, es el efecto de una «exageración en vista de la verdad» (Günther Anders). La escena donde el padre de Claude rompe en dos el skate de su hijo es en este aspecto ejemplar: rompiendo el totem de la colectividad adolescente, busca destruir aquello que une al muchacho al mundo.

Infatigablemente, la ficción pone en escena el efecto de anestecia generado por el placer sexual, desnudo en la nada solitaria del goce. En Ken Park, «la asfixia autoerótica» es el síntoma que mejor capta esto. Sin embargo, con la apoteosis final de la escena amorosa entre tres, el sueño de una felicidad sexual halla por primera vez su realización. De forma significativa, es también la primera vez en una película de Larry Clark que los personajes se abstraen del clan, y acceden poco a poco a la consciencia de ellos mismos. ¿Remisión? Sí y no. El «siempre besarse» con el que sueñan Peaches, Shawn y Claude es también un nuevo fantasma de la repetición. A falta de cortar, Larry Clark continuará arrojando piedras a la laguna americana y a su estupor indignante, el que encarnan los abuelos de Tate, allí donde el impacto más fuerte puede ser: en el océano negro de las imágenes.

Hoy en día, en los Estados Unidos, Larry Clark podría ser en efecto el emblema más serio, acaso el único, de una contra-cultura, en el sentido de que, a una sociedad y a su cultura de masas, él le opone una sub-cultura, négativa de ésta primera, de la cual es al mismo tiempo su producto. La simbiosis estética de sus películas con el objeto de ellas mismas las vuelve irrecuperables para «el mundo adulto», percibido como exterior y hostil. Este mundo está condenado a la repetición, tal es el fantasma horrorífico que atormenta al film. Hasta el mismísimo final, cuando un flashback muestra a la novia de Ken, pelirroja como él, anunciándole que está embarazada. Es eso entonces lo que desencadena el suicidio de Ken Park: cortar la ineluctable lógica de la reproducción de sí mismo.

ENCUENTRO / LARRY CLARK
«Si forma parte de la vida, entonces se puede mostrar todo»

En cinco películas desde Kids en 1995, Larry Clark, sulfuroso fotógrafo admirado por Scorsese, se alzó como una de las cabeceras de línea del cine americano independiente. Encuentro con un sobreviviente tranquilizado.

Evidencia. «Jamás dudé de mi capacidad de hacer cine. Quería rodar films jamás vistos. No por el desafío, sino para completar mi experiencia de fotógrafo, porque había agotado todo. Mis historias debían pasar por una ficción. Ken Park está basado en hechos reales, pero hubiera sido imposible rodar allí donde se se han cometido cometido incestos y asesinatos sin vínculo. Para mí, no es cuestión de filmar a las personas exactamente como son: no quiero ser un documentarista de modos de vida. En tanto fotógrafo pude dar esta impresión, pero como cineasta deseo hacer ficciones y pertenecer al circuito clásico de fabricación y difusión de películas: rodar en 35 mm, en colores, y mostrar mis obras en los cines.

Harmony. Ken Park fue mi primer proyecto para cine, antes de Kids (1995), pero invertí siete años para llevarlo a cabo. Al comenzar, tenía solamente personajes: Claude y su padre, Peaches y su padre, el chico y la mujer madura, la historia del crío que se suicidó, y la de un muchacho que mató a sus padres. Estas historias son muy personales para mí. Atravesaron todo mi trabajo de artista, mis fotografías, y ciertas muestras de video que hice hacia finales de los años 80 y al principio de los 90. Para pasar al cine me faltaba un guión. Harmony Korine, después de haber escrito Kids, ceptó gustosamente hacerlo. Brillantemente amalgamó mis ideas iniciales, situando la acción en una misma ciudad, Visalia, en California, y remplazando a los padres por abuelos, en la última historia. Él vivía con su abuela en esa época… y había sido un muchacho malo. Por esos tiempos, Harmony todavía no tomaba drogas. Tenía 20 años, estaba que ardía. Después no sé qué pasó.

Mostrar todo. La película no fue filmada inmediatamente después de Kids porque nadie la quería financiar. Era claro que las imágenes serían tan duras como las de mis fotografías. Me di cuenta hasta qué punto el medio del cine no está listo para eso. Yo vengo de las artes plásticas; en las galerías se puede mostrar todo, no así en el cine… Para mí, la cámara no debía ser desviada nunca, se iba a ver todo. Tenía miedo de que no lograrlo, de morir arrepintiéndome: no haber filmado Ken Park. Pero encontré un compañero, Ed Lachman. Las dificultades no terminaron ahí. Después del rodaje, uno de los productores me dijo que la película no sería distribuida jamás porque contenía imágenes pornográficas. Me parecía una prohibición imposible: si lo que muestran esas imágenes forma parte de la vida, en el contexto de una historia, si no es gratuito, si está verdaderamente bien hecho, entonces se puede mostrar todo. No es pornografía. Es también por eso que incluí la escena del trío amoroso al final de la película. Estos kids habían visto tanto que hacía falta que les quede algo para ellos. De ahí la idea de que hagan el amor juntos, como una redención temporal. Hacen el amor de una forma muy pura; esa escena es la menos indecente del film.

Amateurs. La escena sexual fue difícil de concebir, especialmente con actores todos amateurs. Un cineasta muy famoso me dijo hace algún tiempo que no se podía mezclar actores y no actores. Ahora bien, desde el comienzo yo quería buscar muchachos de la calle para interpretar a los adolescentes, y actores consagrados para interpretar a los padres. En cuanto a los adolescentes, mantuve la idea: Tiffany, que hace de Peaches, jamás había actuado antes, la conocía en una librería; Steven Jackson (Claude) era un skater de Visalia que un día me llamó la atención allí, etcétera. Los actores consagrados se adaptaron. Trabajar con los chicos fue una cuestión de confianza y honestidad. No hubo ninguna sorpresa, leimos y releimos el guión juntos; sabían qué esperar.

Maduridad. El cine, para mí, ha sido el arte de la maduridad. Fui engañado por la droga, la ilegalidad… Para hacer películas, había que cambiar completamente de vida. Dejé la droga, la bebida, me puse de vuelta en forma. Me lavé la cabeza. Había llegado a un punto tal que pensaba que no podía aprender más, pero, entrando en un plató de filmación, me pegó de repente: estaba vivo de nuevo. Aspiré todo, aprendí todo, recogí consejos por todos lados. Me sentía bien, era yo mismo, un yo mismo que creía haber perdido. Estoy completamente distendido y disponible cuando hago una película…

Cerca de los cuerpos. Desde mi primera película debí imponerme, en particular sobre la forma de iluminar una escena. La luz debe venir del lugar más natural, es muy simple. Ciertos técnicos pensaban enseñarme de cine, pero fui yo el que les enseñó. Les mostré por qué las otras películas se parecían todas y por qué hacía falta manejarse de forma diferente. Sin embargo, tampoco soy particularmente fetichista, ya sea con la iluminación o el encuadre. Lo que en realidad me interesa a mí es estar cerca de los actores. Algunos cineastas, particularmente en Hollywood, están escondidos en una carpa en alguna parte, mirando la acción a través de un monitor… Les hablan a su asistente, quien transmite sus órdenes. Es extraño. Yo en particular debo estar a la misma distancia que la cámara.

« Gus Van Sant y yo hemos demostrado que las películas que ponen en escena a adolescentes no son fozosamente comedias tontas. Quiero que los kids se reconozcan viendo mis películas; es muy importante para mí. » 

Estructura/libertad. Me encanta filmar rodar con dos cámaras, porque uno se puede permitir algunas cosas sobre el momento. Hacia el final de Kids, en el momento de la violación del personaje de Chloë Sevigny, hay un ángulo principal que jamás cambia. La escena es larga. Hubiera sido intolerable si yo no le hubiera ofrecido ningún escape al espectador. Gracias a la segunda cámara, pude filmar la imagen de un chico que dormía justo al costado de ella y que rebotaba a causa de los sacudones del sofá. Era un momento genial. El chico era un extra que estaba dormido en el plató; lo llevé en brazos hasta el sillón y no se despertó. No es improvisación sino adaptación, estar atento. Hay entonces una tensión entre la captación documental de un instante, y lo que ya está escrito. Uno puede permitirse todo cuando tiene lo más importante: una visión clara.

Responsabilidad. Me siento totalmente responsable de los críos con los que filmo. Me preocupo por ellos. Me pone feliz que algunos de ellos hayan podido lanzar su carrera gracias a mis películas: Chloë Sevigny, Rosario Dawson, que hoy es una estrella en los Estados Unidos. Tenía 14 años cuando la encontré. Leo Fitzpatrick o John Abraham tienen una pequeña carrera… No quiero usar a las personas; quiero ayudarlas. No quiero olvidarlas. Y además, la adolescencia es un corpus de ficción apasionante. Todavía no pude ver Elephant, pero espero mucho de ella. Gus Van Sant y yo hemos demostrado que las películas que ponen en escena a adolescentes no son forzosamente comedias tontas. Quiero que los kids se reconzcan viendo mis películas; es muy importante para mí. Es sorprendente constatar que la cultura americana está orientada hacia la juventud, pero que realmente no le habla.

Recogido y traducido por Olivier Joyard el 6 de septiembre del 2003.

La Bienal de Lyon presenta una retrospectiva de la obra plástica de Larry Clark, entre ellas las instalaciones, fotos y videos que inspiraron a la película.

Nota: Cuando tenga tiempo cuelgo los scans de las correspondientes páginas de la película.


7 Respuestas a “Ken Park”


  1. 1 Bruno
    Agosto 20, 2007 a las 9:33 pm

    Que bueno que te pusiste a traducir esto!.
    Se que el cine y vos irán de la mano muchísimo tiempo, un placer acompañarte, como amigo, por los valles de 35 mm.
    Como proyecto de sociólogo/politólogo, quiero agregar que esta película es genial, quisiera poner en cuestión cierto aspecto de la noción de ¨exageración en vista de la verdad¨. Creo que supera la idea de la ficción sin caer en un vacuo documental. Es mordaz. Y hay más realidad en American Dad, Padre de Flia, South Park y Los Simpson que lo que muchos piensan. Es decir, cuando la ficción comienza a ser una plausible realidad, donde nada de lo que ves te sacude lo suficiente como para considerarlo un elemento extraño a la cotidianeidad. La denuncia se borra en la desfachatez del acontecer cotidiano. En el umbral de no ser un cine panfletario, icono de una sociedad occidental enferma como la actual; de características visionarias y clarificadoras no deja de poner en boga los síntomas de estilo de vida capitalista, occidental y mortificante. Por eso es que Ken Park es un peliculón y una persona al mismo tiempo!

  2. 2 distimium
    Agosto 22, 2007 a las 7:45 pm

    Yo digo gracias! amigo.

  3. Septiembre 14, 2008 a las 11:09 am

    Muchas gracias por esta traducción. Me ha ayudado a reafirmarme en lo que ya pensaba de la película. He leído varias críticas en internet que yo creo que no han comprendido lo que el autor quería contar y que se comprende perfectamente en los últimos diez minutos de metraje. Para mí, Ken Park es una película valiente, un guión de difícil factura, un experimento artístico que salió bien.

  4. 4 lemmycaution
    Septiembre 14, 2008 a las 12:39 pm

    Absolutamente. Es bastante difícil hallar en internet buenas críticas y un criterio consistente y fundamentado; no sé si será por falta de tiempo o de espíritu aventurero, pero hasta ahora lo único rescatable que pude encontrar online –por supuesto, aparte de les Cahiers– es en la sección de cine de Página/12, que tiene una línea muy intelectual y con mucha Nouvelle Vague encima. Realmente recomendable.

    Por lo demás, siempre es más sencillo enfilar derecho hacia Roger Ebert que, si bien reseña siempre desde una mentalidad muy showbiz, es bastante clarito en lo que dice y le permite a uno discernir frente a qué tipo de película está antes de ir a verla, aunque a él no le guste.

  5. 5 lupi
    Octubre 17, 2008 a las 6:14 pm

    es buena la peli algo decadente y loca pero es buena

  6. 6 lemmycaution
    Octubre 20, 2008 a las 7:24 pm

    …no entiendo el “pero”


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Sentir hasta Resistir es un nuevo proyecto que arrancamos en conjunto con Carla. En él iremos publicando fragmentos de letras del rock nacional (por ahora) con un costado político o social. Algo sencillo, para no olvidarnos de encarar siempre la realidad desde la sensibilidad.

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